The land of porcelain.

Read the Printed Word!
Estoy hecha de libros y tizas. Y te.

(Source: youjustinspiredme, via edeita)

El único amor consecuente, fiel, comprensivo, que todo lo perdona, que nunca nos defrauda, y que nos acompaña hasta la muerte es el amor propio.

Oscar Wilde (via filosofiaencastellano)

(via heryens)

I know that feeling, bro

(Source: groovymutants, via angelicpretty)

sirenadecristal:

Ginna, Marilyn y Clau

Somos nosotras <3.

sirenadecristal:

Ginna, Marilyn y Clau

Somos nosotras <3.

A veces me da por imaginar situaciones hipotéticas. Roces hipotéticos, labios hipotéticos, colores hipotéticos. Imágenes hipotéticas de gente hipotética. Solo para calentarme el corazón un rato.

Hoy estaba sentada, imaginando, y me di cuenta de que me sentía más cómoda de lo normal… mi cabeza dijo “Es que ya has soñado esto antes”, y pensé “¿pero con quién estoy soñando que me siento tan cómoda?”…

… Cuando la imagen se hizo nítida fue un “oh, claro”. Y luego una media sonrisa y un “… Hum. Interesante”.

Últimamente me fascina recordar.

En estos días he llegado a pensar

que amor es

poder estar solo

pero con alguien.

(No sé si me explico, pero recuerdo que cuando tenía unos once años, leí a Pinto decirle a Mumpo “Conmigo puedes estar solo”).

(…)

(Es increíble como marcan ciertas cosas).

1000drawings:

by Danny Roberts 

Me gustan los contrastes.

1000drawings:

by Danny Roberts

Me gustan los contrastes.

(via 1000drawings)

¡Añuñu!

¡Añuñu!

(Source: twist-s0-fine, via beatlebible)

blakelylikescows:

I really want a love like george and pattie had

Fotos como ésta me hacen reconsiderar mi odio irracional hacia Pattie Boyd&#8230;

blakelylikescows:

I really want a love like george and pattie had

Fotos como ésta me hacen reconsiderar mi odio irracional hacia Pattie Boyd…

(Source: tsiwt-and-shout, via beatlebible)

Ofelía

Me quiere,

No me quiere,

Me quiere,

No me quiere,

Me quiere,

No,

No me quiere.

A la una

A las dos

y a la sien.

Corina Michelena.

Lágrima viva.

A los seis años de Inés

 

Si quiebran el corazón del cielo

-de su fractura-

no lloverán alas de ángeles;

en cambio,

caerá implacable el envés del granizo,

su alter ego:

esos granates trozos de carbón

-en plena madurez- arañarán

su semblante de placenta

-como los huevos magros de un cuervo.

 

Y el cielo,

que no se merece este mundo,

-a siete años sombra de la tierra-

sabiamente se contraerá al fondo

de una pupila:

al centro de un solo astro.

 

Cuando definitiva

la inmensidad se retire,

no tendremos telón de los lamentos,

que seque sus collares verticales:

las lágrimas de San Pedro.

 

Puedo pasármela sin ese cielo,

-no estaré para entonces.

Pero tengo una niña en ciernes,

a punto de sí misma,

entre los brazos intrusos de la vida:

a mitad de la Luna,

a un cuarto menguante de las patas

del macho cabrío.

 

Es indispensable que el cielo persista

para que sus seis años sobrevivan,

en el relámpago:

esa memoria roja e imprevista

que precede al olvido.

 

Si Sodoma

fuese minuciosamente desbrozada

-en el pajar-

hallarían la aguja de un justo.

 

No pido,

-a cambio de su alma-

la salvación del mundo,

ruego se redima

-gracuas a la sospecha

de que esta niña exista-

uno solo

de mis perniciosos versos.

 

Yo te bautizo Inés:

Anémona y óbolo del poema habitable

que fue escrito en seis días

y tachado en uno.

Para que tu reino fuese entre nos

-es decir, a mitad de mis pulmones-

hizo falta que Durero tallara el Apocalipsis,

y que nuestros antepasados

-estampa por estampa-

lo cumplieran.

 

Como la última gota de la estirpe

has sido destilada, no nacida,

por eso cubres la duración de un pájaro,

sustraído, a la bóveda romántica

de la falda materna.

 

No pido a Dios por ti.

Le ordeno.

 

Yo te revelo Inés:

Si el galeón de tu caparazón

se mueve a sotavento;

si el cielo se incinera

por la velocidad de su caída;

si llueve

lava

sobre quemado;

aún así,

estarás a salvo.

Sé, de buena fuente

que los últimos mansos

en abordar el arca de Noé

fueron tus ojos.

 

No habrá ninguna baja

entre tus útiles escolares,

encontrarás intactos:

El corazón de Dimitri Karamasov,

la máscara de Rosa Coldfield,

y tus alas de Rilke.

Descorren la escenografía:

la tierra rota

sobre un eje imaginario,

yo también.

 

serás lo último que pida

que pierda.

 

En algún grado,

ajena a mis desdichas

en todos,

su frágil contrapeso.

 

Corina Michelena

“Honra de sierva” México: Universidad Veracruzana, 2003.

theswingingsixties:

A model has her hair done, 1960s.

theswingingsixties:

A model has her hair done, 1960s.

(Source: mimi-berlin, via extranuance)

Cuando niña
de visita a Urama
recogía, abría y revisaba guayabas
para todos,
hasta que un viejo me dijo
que así no se comía la guayaba,

que había que cerrar los ojos
y que si tenía o no tenía gusanos era cosa de dios
o de sorpresa en el fruto que saliera con mejor sabor.
Yo seguía las instrucciones
y me comía cada tarde con las tripas revueltas
todos los gusanos de Urama.

Posiblemente ese haya sido
el primer contacto de mi lengua
con el sabor de la muerte
en los mejores frutos.

Con el tiempo aprendí a hacer mermelada,
a desaparecer el tacto baboso y frío
en el hervor de la hornilla,
aunque siempre sintiéndome cobarde.

Hoy quisiera otorgarte aquel sabor.
Pedirte incluso que no me permitas olvidar
la paciencia o el error
de aquella niña de diez años
sentada a la sombra cada tarde
y aprendiendo, sin saber,
a tragar
tu pedazo de muerte
y tu pedazo de vida.

Guayabo- Gabriela Kizer. (via sirenadecristal)